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Su aparición en la ceremonia inaugural confirmó que, más allá del debate rock-pop, Maná forma parte de la memoria colectiva de México y el mundo.

Cuando la FIFA abrió la ceremonia inaugural del Mundial 2026 en el Estadio Azteca, una de las agrupaciones elegidas para ese escaparate global fue Maná. La decisión generó reacciones inmediatas, como suele ocurrir cada vez que el nombre de la banda tapatía aparece en un contexto de representación nacional.

Durante décadas, Maná ha dividido opiniones. Para algunos encarna una de las historias de mayor éxito en la música latinoamericana; para otros, su cercanía con el pop los ha colocado constantemente en el centro de un debate sobre su pertenencia al rock. Sin embargo, la presentación en el Azteca permitió observar el tema desde otra perspectiva: una cosa son los gustos personales y otra muy distinta el peso cultural de una agrupación.

Cuando un país busca proyectar parte de su identidad musical ante millones de espectadores, la elección de los artistas rara vez es casual. En ese contexto, la presencia de Maná habla de una trayectoria que durante casi cuatro décadas ha logrado trascender generaciones, fronteras y formatos. La respuesta del público fue una prueba de ello: las canciones fueron recibidas por miles de voces que no necesitaban presentación alguna.

Pocas agrupaciones mexicanas han conseguido combinar permanencia, reconocimiento internacional y vigencia de la manera en que lo ha hecho Maná. Sus detractores podrán cuestionar su sonido, pero resulta difícil ignorar el alcance que han construido desde finales de los años ochenta.

La ceremonia también dejó un detalle que llamó la atención de músicos y bateristas. Mientras la mayoría esperaba ver la configuración habitual de Álex González, el músico apareció detrás de un cocktail drum kit: una batería compacta y elegante, diseñada para privilegiar la imagen televisiva y la integración visual con el espectáculo. Un detalle técnico que pasó inadvertido para gran parte del público, pero que reflejó el nivel de planeación detrás de una producción pensada para una audiencia global.

Al final, la presentación de Maná en la inauguración del Mundial no resolvió el eterno debate sobre si la banda pertenece más al rock o al pop. Tampoco tenía por qué hacerlo. Lo que sí dejó claro es que, cuando México tuvo la oportunidad de presentarse ante el mundo desde uno de los escenarios más emblemáticos de su historia deportiva, Maná fue una de las agrupaciones llamadas a ocupar ese espacio.

Y eso, independientemente de los gustos personales, también forma parte de su legado.

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