Los Stones: un mito vivo
Con Foreign Tongues, The Rolling Stones confirman que la edad no los ha convertido en una pieza de museo: siguen grabando, arriesgándose y defendiendo el lenguaje musical que ayudaron a construir.
The Rolling Stones. Foto: Dave Hogan.
Dice Bob Dylan que al tener 80 o más años, “eres un viejo rey de un país que ya desapareció” y “no tienes prisa por convertirte en nada”.
Con “Foreing Tongues”, su álbum de estudio número 25, los octogenarios The Rolling Stones confirman estos dichos, al mantenerse como los monarcas absolutos de un estilo musical que ya (casi) desapareció y, tampoco se les ve ninguna prisa por convertirse en algo distinto.
Los Stones, contrario a lo que comenta Billy Joel, quien no ha grabado temas originales desde 1994 porque dice que no quiere diluir su legado, la agrupación británica, – consistente por solo tres integrantes, Jagger y Richards, juntos desde el comienzo, y Wood, quien se unió en los años 70-, se arriesga a seguir sacando discos y temas para hacer enojar a los viejos fans y para alegrar a los nuevos.
El disco recorre buena parte de los territorios musicales que los Stones han explorado durante su historia: blues, rock, soul, country y rhythm and blues. El resultado es una producción de 14 canciones que alterna momentos vigorosos con pausas melódicas, sin perder el sonido de una banda que entiende que una buena canción está por encima de un virtuosismo innecesario (y que nunca tuvieron).
La apertura establece de inmediato el rumbo. “Rough and Twisted” es un blues rock clásico: un camino loco y accidentado conducido por guitarras slide, armónica y piano honky-tonk. Es un verdadero festín instrumental, una canción que parece decir: “Llévame adonde quieras ir”.
“In the Stars” cambia el registro con un coro pegajoso en una producción pulida que puede atraer a nuevos rockeros. El sonido contrasta con la crudeza de otras épocas, pero conserva la energía esencial de la banda.
A destacar el trabajo de Steve Jordan, un baterista que siempre toca para la composición: sostiene el tema, respeta su dinámica e imprime un toque completamente reconocible.
La tercera pieza, “Jealous Lover”, es un soul interpretado vocalmente en falsete. Funciona como un descanso bien colocado entre las canciones de rock más vigorosas. Después aparece “Mr. Charm”, dedicada a esos personajes pagados de sí mismos que avanzan por la vida convencidos de que su encanto justifica cualquier comportamiento ¿usted conoce gente así?
En “Divine Intervention”, Robert Smith aparece añadiendo guitarras. Su participación se encuentra algo baja en la mezcla, pero está ahí.
“Ringing Hollow” se adentra en el country rock. Es una canción para escuchar con un Jack Daniel’s en la mano y, como diría Ella Langley, completamente by myself. Su aire nocturno y solitario permite imaginar una carretera vacía, un bar a punto de cerrar y el eco de una historia que nunca se logró.
“Never Want to Lose You” combina voz, sintetizadores y otra intervención de Robert Smith. Sin embargo, quien realmente luce es Darryl Jones. Su línea de bajo parece provenir de la música disco y le proporciona a la canción un movimiento inesperado.
“Hit Me in the Head” abandona los rodeos: es rock directo, construido para funcionar por el golpe de sus guitarras y su ritmo. Después llega una versión de “You Know I’m No Good”, de Amy Winehouse.
Los Stones la llevan a su propio terreno mediante un sonido poderoso, pero nunca aparatoso. La interpretación confirma que la banda siempre ha sabido abordar los géneros vinculados con el R&B desde el conocimiento y el respeto.
“Some of Us” tranquiliza las aguas. Es una balada breve encabezada vocalmente por Keith Richards, cuya voz áspera y vulnerable aporta a la canción una cercanía difícil de imitar. Se limita a encontrar el tono emocional adecuado.
“Covered in You” juega con los contrastes. Sus estrofas son imponentes, mientras los coros se abren hacia melodías de orientación pop. Paul McCartney participa en el bajo.
“Side Effects” quizá no sea uno de los momentos más memorables del álbum. Aun así, incluso los temas más ligeros de los Stones poseen más oficio, personalidad y sentido musical que buena parte de lo que circula actualmente bajo la etiqueta de rock.
“Back in Your Life” ofrece otra balada amorosa antes del cierre. Finalmente, “Beautiful Delilah” recupera una composición del poeta del rock and roll, Chuck Berry. Es una despedida coherente para un disco que reconoce sus raíces sin quedar atrapado en ellas.
Cabe destacar, el trabajo de don Steve Winwood en todo el disco, con piano, teclado rhodes y órgano. Nadie se quiere quedar fuera de un disco de los Stones
La producción a cargo de Andrew Watt, no reinventa a los Rolling Stones ni necesita hacerlo, su principal virtud consiste en mostrar a una banda que todavía comprende que el rock es un sincretismo: blues, soul, el country y R&B como componentes de un mismo lenguaje.
Después de tantas décadas, los Stones todavía siguen (liderando) el camino.



