Luego de años en las sombras de la música, Linda Perry, la otrora famosa cantante, compositora y líder de la banda brevemente exitosa en los años 90, 4 Non Blondes, retornó al ambiente sonoro con un álbum solista llamado “Let It Die Here”, donde explora lo sagrado y lo profano (como diría L. Cohen).
Pero, no es que Linda, (de 61 añitos), haya regresado de entre los muertos ni nada de eso, siempre ha hecho música, pero poco o nada se supo de ella luego de tronar a su banda de las cuatro no rubias en 1994, después de aquel temazo global llamado “What’s going on”, que tiene 1,380 millones de escuchas en plataformas.
Aparentemente, Linda no quedó satisfecha con la producción del primer y único disco de dicha banda, que, como suele suceder con grupos nuevos salvajones, a alguien se le ocurrió bajarle a los decibeles y decidieron aminorar la rabia de sus presentaciones en vivo, para hacerlo sí, un producto de rock, pero que no calara tanto en los oyentes y así abarcar a más compradores.
4 Non Blondes grabó un par de temas más en discos tributo, uno de The Carpenters y otro de Led Zeppelin, ambos de buena factura. La voz de Linda era y sigue siendo espectacular. Es grave, es potente, es rasposa y, a veces, puede ser dulce. Todo eso.
Después de eso, nada. Linda sacó algunos discos solista que pasaron sin pena ni gloria, pero su influencia sirvió para que otras artistas féminas contemporáneas llegaran tumbando caña a mediados de los 90, gente de la talla de Alanis Morissete, Liz Phair, Fiona Apple, entre muchas otras, que invadieron el mercado del rock de aquella época.
Parecía que la carrera de Perry llegó a un punto sin retorno, pero de manera un tanto cuanto extraña, ella encontró un nuevo nicho en la década del 2000: se volvió compositora de temazos enormes para otras artistas.
Así fue como su composición “Get the Party Started”, le hizo la carrera a la entonces jovencita Pink (se dice que ese tema fue primeramente ofrecido a Madonna). Después, relanzó dos veces la carrera de Christina Aguilera, con “Beautiful” y luego “Candyman”. Así se pueden nombrar más canciones suyas grabadas por otras voces, como: Celine Dion, Alicia Keys, Gwen Stefani, Avril Lavigne, Miley Cyrus; por mencionar algunas.
¿Quién diantres se atreve a darle una canción inmortal como “Beautiful” a otra artista? Pues eso hizo doña Linda Perry.
El caso es que, teniendo como base el relanzamiento de esa canción, cuya letra dice que todos somos hermosos, ¿será?, a Linda le dio por lanzar un álbum completo, donde por supuesto interpreta dicho tema con su voz prodigiosa y con un sentimiento redentor de quien ha pasado por mucho y ha salido con vida.
Pero no crea usted que Perry se pescó con uñas y dientes de aquella canción y rellenó con parches el resto del material, el disco se sostiene de inicio a fin con contundencia a lo largo de ¡17 temas!
El nuevo disco de Linda Perry es un ejercicio de vulnerabilidad y memoria. Desde el comienzo en “Balboa Park”, (lugar en San Diego, California), donde Linda vivió de adolescente en calidad de “loquito del centro”, inicia un recorrido que va de lo fundacional a lo confesional.
Perry recuerda el sufrimiento para conjurarlo y derrotarlo. En “Balboa Park” hay arreglos de cuerdas y una interpretación vocal dramática, pero sosegada. El álbum está interesado en la fragilidad humana.
Canciones como “Stupid Yellow Kite” recuperan progresiones de acordes que recuerdan a la época de 4 Non Blondes. Conforme avanza el disco, aparece un bloque claramente influenciado por la música afroamericana tradicional: “Is All That You Got”, mezcla blues, soul y gospel, mientras “Let It Die Here” (que le da nombre al disco) incorpora arreglos de metales que evocan a las calles de Nueva Orleans.
“Mourning”, por otro lado, inicia como música de feria decadente antes de transformarse en un hard rock intenso, con guitarras chillantes, batería feroz y momentos de piano y cuerdas que rompen la tensión.
Perry revisita su vida anterior para hacer las paces consigo misma y uno lo agradece.
Uno de los momentos más impactantes llega con “What Lies With You”, una balada que podría haber aparecido perfectamente entre 1995 y 2005, pero que hoy adquiere otra profundidad gracias a una voz marcada por el tiempo, más áspera, aunque todavía capaz de alcanzar momentos sublimes.
El álbum también se permite pequeños experimentos: “I Am Daughter” coquetea con ritmos de bossa y una interpretación suave y dulce; “Anxiety” es una breve pieza instrumental de jazz donde destacan batería y piano; mientras “The Suitcase” funciona como un rock clásico y accesible, casi radial.
Pero la joya absoluta sigue siendo “Beautiful”: una de las composiciones emblemáticas de la música popular de este siglo, cuyo mensaje acerca de la belleza y la dignidad humana, será significativo a través del tiempo.
El cierre del disco es “Feathers in Storm”, el cual resume perfectamente el espíritu de la grabación: todos somos como plumas de ave atrapadas en una tormenta, intentando sostenernos.


