The Strokes y las guerras culturales
The Strokes vuelven a dividir opiniones con *Reality Awaits*, un álbum marcado por el Auto-Tune, la crítica social y la experimentación. ¿Evolución artística, provocación o desinterés?
El más reciente álbum de estudio de los otrora llamados “salvadores del rock”, The Strokes, ha generado polémica y mucha queja por su amplio uso del “Auto – Tune” y del “Vocoder”.
En esos tiempos donde siempre hay bandos tratando de imponer su ideología de qué es arte o qué no lo es, The Strokes no escapa a estas interminables guerras culturales.
¿Experimentación, desdén, flojera? Solo Julián Casablanas y su tropa saben por qué se decantaron por robotizar la voz en el disco.
El caso es que, para ser una banda que surgió hace 25 años, con 6 discos de estudio, dos EP, un recopilatorio y una fama de que su líder y cantante siempre anda ebrio durante sus presentaciones, su capacidad para no quedarse en el olvido es innegable.
En la música, desde hace unas tres décadas. Pocos actos siguen grabando música nueva y, más pocos, siguen levantando el polvo entre sus fieles y sus más rancios detractores.
“Reality Awaits”, es el nombre del disco recientemente lanzado por la banda y en su portada aparece un vaquero en su caballo, cual anuncio de cigarrillos de los años 80.
En esta época de la posverdad, ¿será posible que la realidad aguarde su turno?
El álbum comienza con “Psycho Shit”, que parece referirse al abuso de poder ejercido desde una posición superior. Julian Casablancas retrata a una persona —o incluso a una élite política o institucional— que observa, hostiga y destruye a otros sin exponerse personalmente.
“Dine and Dash” o irse sin pagar. Esta lectura encaja con el contenido político general de Reality Awaits: críticas al poder, el consumo, la desigualdad y la desconexión social. Tema poderoso lírica y musicalmente.
“Lonely in The Future” es una canción pegajosa, se puede bailar, se puede disfrutar, se puede corear, si es que alguien le entiende al fastidioso “Auto-tune” de su parte vocal. El narrador presume estar adelantado a los demás, pero el estribillo o puente revela el costo emocional de esa postura: estar adelante también significa estar solo.
“Falling Out of Love”, es un tema flojito, platicado y poco imaginativo. Una balada de desilusión del amor, contradictoria, con falsetes robóticos.
“Going to Babble On” ha sido recibida como una de las canciones más accesibles y clásicamente Strokes del disco. También se considera una de las mejor construidas en cuanto al trabajo de las dos guitarras. Bajo su apariencia luminosa, la letra habla de agotamiento, obediencia y la ilusión de comenzar nuevamente.
La canción retrata el agotamiento contemporáneo: trabajar, fracasar, reajustarse y comenzar nuevamente, sin preguntarse quién diseñó las reglas. El sistema pide olvidar, obedecer y reiniciarse, pero cada nuevo comienzo conduce al mismo punto. No se trata exactamente de progreso, sino de una repetición presentada como renovación.
“Going Shopping” ha sido interpretada principalmente como una sátira del consumismo convertido en mecanismo de evasión. La canción presenta un mundo amenazante, desigual y sobrecargado de información; frente a él, el narrador responde comprando, fantaseando y huyendo. Musicalmente, esa crítica está envuelta en una pieza ligera, bailable y deliberadamente atractiva.
La compra no satisface una necesidad material. Es una forma de regular la ansiedad mediante el consumo.
“Liar’s Remorse” ha sido señalada como una de las canciones más extrañas y divisivas de Reality Awaits. Habla del arrepentimiento después de mentir, pero también del autoengaño. El narrador evita el amor para evitar el dolor y termina provocando su propia soledad.
“The Fruits of Conquest”. El título es irónico: los “frutos” de la victoria no son prosperidad, sino corrupción, daño y vacío.
Mi canción favorita el disco, por lejos es “Tyrants of the Mellow Moon”, una canción sobre finales, culpa y patrones de los que resulta difícil escapar. El título contrapone la tranquilidad de la “luna apacible” con fuerzas tiránicas ocultas bajo esa calma.
Al finalizar el disco uno se pregunta, ¿habrá más discos de The Strokes?, ¿seguirá su música de desfachatez neoyorquina permeando al mundo? La realidad aguardará.
