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Hace no mucho tiempo, ver a Mötley Crüe, Foreigner o Toto dentro de una feria regional mexicana habría parecido una anomalía, una rareza sin precedente. Hoy, esa imagen ya no sorprende tanto, y eso dice algo.

En los últimos años, distintas ferias estatales del país comenzaron a incorporar artistas internacionales de rock clásico y hard rock en programaciones que históricamente estaban asociadas a otro tipo de espectáculos y públicos. La FENAPO, la Feria Nacional de San Marcos en Aguascalientes y otros espacios similares han empezado a funcionar como puntos de encuentro para bandas que durante décadas parecían destinadas únicamente a circuitos mucho más centralizados.

Durante años, el mapa del concierto internacional en México se concentró casi exclusivamente en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Fuera de esas ciudades, acceder a estas giras implicaba viajes largos, costos adicionales y, en muchos casos, la simple imposibilidad de asistir.

Lo que ha comenzado a ocurrir con estas ferias no cambia la dimensión histórica de esas bandas, pero sí transforma la manera en que ciertas audiencias pueden relacionarse con ellas. Se trata de ciudades que durante años quedaron fuera de las rutas habituales del rock internacional y que ahora reciben nombres que antes solo aparecían en arenas, festivales privados o grandes recintos urbanos.

También vale la pena notar cómo estos eventos han terminado mezclando públicos, generaciones y lenguajes culturales que durante mucho tiempo parecían moverse por carriles separados. La presencia de Billy Idol, Marilyn Manson o Mötley Crüe dentro de espacios ligados a ferias populares y celebraciones regionales dibuja un escenario muy distinto al de hace dos décadas, cuando el rock anglosajón todavía conservaba una relación mucho más estrecha y delimitada con ciertos sectores urbanos específicos.

Más allá de la discusión sobre nostalgia, vigencia o industria, lo que parece evidente es que el circuito de conciertos en México se volvió más amplio y bastante menos predecible. En ese movimiento, las ferias regionales comenzaron a ocupar un lugar que hace algunos años nadie habría asociado con este tipo de artistas. Y al parecer, llegaron para quedarse.

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