Por Ricardo Klein para Frontera Rock y Energy 99
El próximo 24 de abril, Chetes regresará a Monterrey para presentarse en Foro Tims, en un concierto especial que conmemora los 20 años de Blanco fácil, uno de los discos más representativos de su carrera solista y, sin exagerar, una pieza clave dentro del rock mexicano de la primera década de los años 2000.
Hablar de Blanco fácil es hablar de un momento de transición. No solo para Chetes como compositor e intérprete fuera del paraguas de Zurdok, sino para toda una escena que comenzaba a redefinirse tras el auge del llamado “rock alternativo” nacional. El disco apareció en un contexto donde ya no bastaba con la energía generacional: era necesario construir identidad, canciones con fondo, y una voz propia capaz de sostenerse más allá de la etiqueta del momento.
En ese sentido, Blanco fácil fue todo menos fácil. Es un álbum introspectivo, cuidado en arreglos y letras, donde conviven la melancolía, la observación cotidiana y una sensibilidad melódica que no buscaba el golpe inmediato, sino la permanencia. Canciones que no gritan, pero que se quedan. Que no dependen del exceso, sino de la emoción bien colocada.
Veinte años después, el disco no suena anclado a su época. Al contrario: hoy se percibe como un trabajo honesto, coherente y maduro, que envejeció con dignidad porque nunca intentó parecer otra cosa. Parte de su valor reside precisamente ahí: en no haber perseguido la moda, sino en haber apostado por la canción como eje central.
El concierto en Monterrey no es solo una celebración nostálgica. Es también una oportunidad para revisitar el álbum desde el presente, con la perspectiva que dan dos décadas de carrera, escenarios recorridos y evolución artística. Chetes llega a este aniversario con un trayecto sólido, con una obra que ha seguido creciendo y dialogando con nuevas generaciones, sin perder su esencia.
Para una ciudad como Monterrey, donde Blanco fácil encontró eco desde sus primeros años, esta presentación adquiere un peso especial. No se trata únicamente de revivir un disco, sino de reconocer su lugar dentro de la memoria colectiva del rock nacional y su influencia en la forma de entender la canción alternativa en español.
A veces, los discos importantes no son los que hacen más ruido, sino los que acompañan silenciosamente distintas etapas de la vida. Blanco fácil es uno de ellos. Y volver a escucharlo en vivo, 20 años después, es también una forma de medir cuánto hemos cambiado… y cuánto permanece intacto cuando una obra está bien hecha desde el origen.



