Fue el interés juvenil por emular a sus hermanos mayores, lo que llevó al joven Angus Young a tomar una guitarra. En realidad, probablemente no tenía otra opción. En su hogar todos tocaban alguna cosa.

“Yo quería tocar -contó en una entrevista televisiva-. Supongo que fue en el tiempo en que había un montón de discos de rock & roll en la casa, y tú sabes, los otros hermanos tocaban y si ves que siempre había una guitarra por ahí, la tomas y tratas de tocar”.

Con más oído e intuición que técnica, el menor de los ocho hijos de William y Margaret Young, comenzó a descifrar las claves tras los riffs que escuchaba en la radio. Ya lo intentaba con el banjo desde los cinco años. Miraba a sus hermanos mayores, George y Malcolm, para copiar las posturas y los acordes en la guitarra. Así fue aprendiendo. Un momento clave, fue el día en que escuchó por primera vez Purple Haze, de Jimi Hendrix. “Lo escuché y pensé ¿qué es esto?“, recordó. Aquel día decidió enfocar su energía en aprender.

Las guitarras crudas del r&b le llamaron la atención y pronto lo llevaron a definir su estilo. “El sonido de la guitarra de Chuck Berry. Lo tiene todo: blues, rock and roll, y ese toque crudo. Para mí, eso es rock ‘n’ roll puro. No es limpio, es agresivo”.

Así, la música fue el centro de su atención. No fue muy difícil, era un mal estudiante que apenas se molestaba en ir a clases. “No iba mucho al colegio. Era un auténtico absentista -contó a Guitar Word-. Cuando entré, fue como: ‘¡Bienvenido, Sr. Young! Un año es como unas largas vacaciones, ¿sabe?’ El primer día que fui a ese colegio, todos fuimos a la asamblea y el director arrastró al escenario, delante de todo el colegio, a todos los chicos que habían sido pillados fumando. Por supuesto, Malcolm era uno de ellos”.

Básicamente, la adolescencia se acotó a rock & roll, cervezas y líos. “De joven me metí en muchos líos. No diría que era un ladrón de bancos en ciernes ni nada por el estilo, pero sí que era un poco delincuente juvenil”, detalló a Guitar World.

En los primeros años sesenta, la familia Young se mudó desde Glasgow hacia Sydney, Australia. Allí Angus adquirió su primera guitarra, una maltrecha Gibson SG de segunda mano que compró en una tienda de música ubicada en la misma calle de su casa. “Tenía una Gibson SG con la que tocaba hasta que la madera se estropeó, debido a todo el sudor y el agua que le entraba. Tenía todo el mástil torcido. La compré de segunda mano, se trataba de un modelo del 67. Tenía un mástil realmente delgado, muy liso, como un mástil personalizado. Era de color marrón oscuro”.

Esa guitarra acabó como su modelo favorito. Un indisoluble de su imagen y sonido. “Me gustaban las SG porque eran ligeras -dijo a Guitar World-. Probé las Fender, pero eran demasiado pesadas y les faltaba garra. Y no quería ponerles pastillas DiMarzio porque entonces todo el mundo suena igual. Es como si estuvieras escuchando al vecino de la esquina. Y me gustaba el sonido potente de la Gibson”.

A los 18, se unió a Malcolm para crear una banda, a la que llamaron AC/DC. Un combo al que sumaron a Phil Rudd en la batería, Mark Evans en el bajo—más tarde sería remplazado por Cliff Williams— y Dave Evans como cantante -posteriormente sustituido por Bon Scott. Angus se quedó con la guitarra solista, según dice la historia, porque Malcolm le dijo que los solos le ocupaban la mano que usaba para beber.

Como sea, se complementaban bien. Angus desarrolló un estilo frenético e intenso en sus solos, mientras que Malcolm llevaba el ritmo con precisión y lograba un sonido nítido y filoso como una roca de río. “Supongo que es algo que hacemos bien juntos -le comentó a Guitar World-. [Malcolm] parece tener un gran dominio del ritmo y le gusta tocar. Para mí eso es más importante porque si estamos tocando en directo y algo falla con mi equipo y mi guitarra deja de sonar, aún se le puede oír y no se pierde el sonido”.

AC/DC -nombre que sugirió una de las hermanas de Malcolm y Angus- tocó por primera vez en vivo la noche de 31 de diciembre de 1973. Arrancaron con Baby Please Don’t Go y de inmediato se hicieron notar por su estilo frenético. “Aquel concierto fue una auténtica locura. La Nochevieja ya es una locura de por sí, pero añadir lo que estábamos haciendo a todo el ambiente festivo lo hizo aún más salvaje”, recordó Angus a Loudersound.

Al año siguiente llegó un momento clave. En 1974 AC/DC se presentó en un concierto al aire libre en el Parque Victoria de Sydney. Angus llevó su antiguo uniforme colegial por primera vez, el que probablemente usó más en el escenario que en la sala de clases. Su aspecto menudo le permitía completar el personaje. Una marca visual del grupo. Aunque con los años, reconoció que ese día estaba temoroso por la reacción de la gente.

“La primera reacción del público al ver los pantalones cortos y demás fue como la de un grupo de peces a la hora de comer: todos con la boca abierta -contó a Guitar World-. Solo tenía una cosa en mente: no quería ser un blanco para los tipos que me tiraban botellas. Pensaba que si me quedaba quieto, sería un blanco. Así que no dejé de moverme. Pensaba que si me quedaba quieto, estaría muerto”.

Si hoy AC/DC es una bestia de estadios, sus inicios fueron modestos. Básicamente, tocaban en bares y pubs de rudos parroquianos. “Algunos de los sitios donde tocamos eran peores que retretes, te lo aseguro, ¡y había tantas peleas que estabas detrás de los amplificadores! (…) A veces terminabas con solo dos cuerdas, porque no había manera de que te dedicaran un par de minutos a arreglar la guitarra”, recordó Young.

La clave del grupo estaba en la alquimia entre Angus y Malcolm. Las letras divertidas y la actitud arrogante del cantante Bon Scott -quien en principio era solo el tipo que los llevaba a los conciertos- acabaron por cuadrar su sonido. “Es un reto seguir componiendo canciones del calibre de Let There Be RockHighway To Hell y Back In Black -apuntó a Guitar World-. Cada canción que escribimos tiene que estar a la altura. La mayoría de nuestras canciones tratan sobre sexo, como la mayoría del rock. Es bastante difícil escribir una canción sobre tu perro.”

Los hermanos Young construyeron el catálogo de AC/DC en largas horas guitarreando juntos. Habitualmente arrancaban desde alguna idea. El tiempo y la experiencia les permitió filtrar qué cosas funcionan y cuáles no. “Él y yo intercambiamos ideas cuando tenemos un montón. A veces tenemos miles de ideas —un simple riff de guitarra o algo así—, pero las mejores destacan. Y no siempre las usamos al instante”, contó Angus a Loudersound.

Por ello, es que le afectó mucho la muerte de Malcolm, en 2017, a consecuencia de un cuadro de demencia. El músico ha detallado que en realidad, lo peor fue ver cómo la enfermedad lo fue consumiendo. “Creo que lo más difícil no fue tanto la despedida, porque eso fue una especie de final, ¿sabes?, el alivio”, dijo Angus a 60 Minutes Australia. “El declive, eso es lo más duro, porque lo conocías y luego ver que ya no estaba”, dijo a Ultimate Classic Rock.

Según Young, su hermano Malcolm “siempre se emocionaba mucho cuando le tocaba la guitarra. Intentaba seguir el ritmo con el pie. Pero siempre sabía que yo estaba ahí…Estuve con él hasta el final”.

Por ello decidió seguir adelante. El último álbum del grupo Power up, se construyó a partir de varias ideas que Angus trabajó junto a Malcolm y quedaron guardadas. “Sabíamos que eran buenas, así que las apartamos y dijimos: ‘Deberíamos plasmarlas por escrito en algún momento’”, dijo a Guitar World. “Y pensé: ‘Bueno, quizá ahora sea el momento de revisarlas y seleccionar todas esas ideas’”.

Como sea, Angus ha declarado que no sigue mucho la actualidad musical. Ha preferido aferrarse a los recuerdos, más cuando hoy es el único músico original de AC/DC. Por eso, al escuchar música en el auto, tiene sus preferencias muy claras. “Cuando me subo al coche, lo primero que pongo es una cinta de Muddy Waters, aunque la haya escuchado cuatrocientas veces. Me encanta, igual que Chuck Berry. Hoy en día todo suena tan bien: sin zumbidos ni siseos. ¡Me gusta ese siseo! Me gusta oír cómo se calientan las válvulas del amplificador. Es pura energía”.

Hace 50 años, el cantante británico Freddie Mercury se propuso cambiar las reglas de la música y fusionar géneros como el rock o la ópera en un único tema. De esta mezcla nació ‘Bohemian Rhapsody’, considerada una de las mejores canciones de la historia y convertida en un himno intergeneracional.

El 31 de octubre de 1975, ‘Bohemian Rhapsody’ vio la luz como el primer sencillo del cuarto álbum de Queen ‘A Night at the Opera’, una apuesta arriesgada, especialmente para las radios de la época, por sus casi seis minutos de duración, pero que dio sus frutos: el tema se mantuvo 9 semanas en el número uno en las listas de éxitos británicas y catapultó al estrellato mundial a la banda londinense.

Compuesta principalmente por Mercury, la canción fue apodada primero como ‘La cosa de Fred’ (‘Fred´s thing’), pues según cuenta el guitarrista de Queen, Brian May, en el documental de la BBC ‘La historia de Bohemian Rhapsody’ (2004), al contrario que otros temas del grupo que nacieron en el estudio, esta fue una excepción porque todo estaba construido de antemano en la cabeza de Freddie.

Tres canciones en una

En el libro ‘Freddie Mercury: su vida contada por él mismo’ (2006), que reúne sus citas y entrevistas, el ‘frontman’ de Queen confiesa que ‘Bohemian Rhapsody’ era algo que llevaba mucho tiempo queriendo hacer y que, en realidad, eran tres canciones distintas que acabó juntando.

“Solo quería meter algo de ópera en un contexto de rock and roll. ¿Por qué no? Se trataba de ir tan lejos como me permitieran los límites de mi capacidad”, dijo Mercury.

Uno de los aspectos más destacados de ‘Bohemian Rhapsody’ es precisamente su compleja estructura musical. La canción comienza con una introducción a capela, seguida por una balada, una sección operística, una parte de ‘hard rock’ y finalmente un cierre melódico.

La producción, a cargo de Roy Thomas Baker, también supuso un gran desafío técnico que superó a la tecnología de aquel momento. Las gargantas de Mercury y dos de sus compañeros de banda, Brian May y Roger Taylor, crearon un efecto coral de cerca de 200 voces y regrabaron sobre la cinta hasta el punto de volverla transparente y llegar prácticamente a romperla.

 Su significado, el mayor secreto

Pero el secreto mejor guardado de ‘Bohemian Rhapsody’ es su significado. Incluso el propio Mercury afirma en el libro que siempre decía que no sabía de qué iba la canción y prefería que la gente fuese la que la escuchase y decidiese por sí misma qué representa, para así mantener el misticismo que la rodea.

Cinco décadas después, ‘Bohemian Rhapsody’ sigue viva y se reinvindica como una auténtica obra de arte musical, especialmente recordada por las memorables actuaciones de la canción en vivo a cargo de Mercury, como la del concierto ‘Live Aid’ en el estadio de Wembley en 1985.

Aunque inicialmente tuvo un recibimiento mixto por parte de la crítica, la canción acumula un enorme palmarés de reconocimientos. La BBC la eligió en 2002 como el mejor tema de los 50 últimos años y la revista ‘Rolling Stone’, que primero llegó a tildarla de “mezcolanza descarada”, le otorgó en 2021 un notable decimoséptimo puesto en la lista de las 500 mejores canciones de la historia.

‘Bohemian Rhapsody’ es de esas canciones que todo el mundo ha escuchado -o cantado-, al menos, una vez en la vida. Pero incluso May, que puede haberla tocado miles de veces en medio siglo, confesó esta semana en una entrevista con la BBC que no se cansa de ella.

“Después de cincuenta años, nunca me aburro, jamás. Nunca me canso de hacerla. Es increíble. Siempre es un reto (…) Siempre es como esto va a funcionar. Funciona con públicos de todas las edades, de todo tipo. Y todo el mérito es de Freddie. Es la obra maestra de Freddie”, comentó el guitarrista de Queen.

*CON INFO DE DW*

Por Ricardo Klein

En una época donde la música se consume a velocidad de streaming y los algoritmos dictan lo que escuchamos, las bandas de covers representan algo más que nostalgia: son guardianas vivas de la historia del rock. Son quienes mantienen encendida la llama de aquellos himnos que definieron generaciones y que aún hoy siguen emocionando a miles de oídos. Entre esas agrupaciones destaca Element, originaria de Hermosillo, Sonora, una banda que ha logrado trascender la etiqueta de “grupo de covers” para consolidarse como un proyecto sólido, profesional y emocionalmente poderoso.


Formada hace más de una década por Ernesto Bojórquez, la voz principal y motor del proyecto, Element ha construido un camino propio reinterpretando los grandes clásicos del rock de los 70, 80 y 90, y mezclándolos con su propio material original. A lo largo de su carrera, la alineación ha sumado músicos de gran talento como Arturo Galván, Juan Bojórquez, Juanlira Quiñónez, Carlos Jiménez, Ronie Gastélum, Tavo Uquidy, Orlando Tapia, Enrique Ramírez, Sergio Raso y actualmente Jorge Haros en la batería, quien llegó a aportar una nueva energía rítmica al grupo.


Su calidad interpretativa los ha llevado de los escenarios sonorenses hasta eventos internacionales, incluyendo su recordada participación en una fiesta posterior a la ceremonia de los Premios Óscar en Los Ángeles, gracias al apoyo del productor Gastón Pavlovich. Pero más allá de los reconocimientos, lo que ha mantenido viva a la banda es una convicción: el rock clásico no está muerto, solo necesita intérpretes apasionados que lo hagan vibrar una vez más sobre el escenario.

Reinterpretar, no solo copiar

Para muchos críticos, el valor de una banda que hace covers radica en su capacidad de reinterpretar. No se trata de imitar a los grandes nombres del pasado, sino de revivir su espíritu, aportando un toque propio y contemporáneo. Hacerlo bien requiere técnica, sensibilidad y respeto por la obra original. En palabras del productor Rick Rubin: “Recrear algo con autenticidad puede ser más difícil que inventarlo desde cero.” Esa frase resume la filosofía de Element.


El grupo entiende que cada nota y cada acorde de las canciones que interpretan es parte de una herencia sonora. En sus presentaciones, no solo ejecutan temas de Queen, Journey, Led Zeppelin o Black Sabath; los reviven con una pasión que trasciende generaciones. En cada show hay una conexión real con el público, una especie de comunión rockera donde el pasado y el presente se funden.

Cultura, oficio y resistencia


Las bandas de covers también cumplen una función cultural y pedagógica. En ciudades donde las grandes giras internacionales no siempre llegan, son estas agrupaciones las que permiten a la gente experimentar la magia de escuchar los himnos del rock en vivo. En ese sentido, Element es un acto de resistencia cultural: un recordatorio de que el rock sigue siendo una fuerza viva, una emoción que no se puede digitalizar.


Profesionalmente, tocar covers es también un ejercicio de disciplina. Permite a los músicos perfeccionar su ejecución, explorar diferentes estilos y conectar con públicos diversos. Muchos de los grandes artistas del mundo comenzaron tocando versiones antes de desarrollar su propio sonido. Los covers, lejos de ser una limitación, son una escuela abierta para todo músico que respete su oficio.

De Hermosillo al Alboa Fashion Drive


Este 31 de octubre de 2025, Element se presentaría en, Monterrey, llevando su potente show a una de las ciudades más rockeras del norte de México. Pero por causas de fuerza mayor se reprograma para febrero. Sigan las redes de Element y Frontera Rock para conocer más detalles. Será una oportunidad perfecta para disfrutar de su energía, su impecable ejecución y ese equilibrio entre homenaje y personalidad propia que los caracteriza. Porque cuando la pasión y el respeto por la música se unen, el resultado trasciende cualquier etiqueta.

En el fondo, el verdadero valor de una banda de covers no está en la copia, sino en la emoción que logra despertar. Y si algo ha dejado claro Element, es que el rock no es solo historia: es presente, actitud y entrega.