Hay nombres que funcionan como marca. Y hay nombres que terminan funcionando como metáfora. Air Supply pertenece a la segunda categoría.

La historia es conocida: el nombre surgió de un sueño de Graham Russell en los años setenta. Pero lo que ocurrió anoche en la Arena Monterrey fue la confirmación de algo más profundo: ese sueño no sólo se convirtió en una banda, se convirtió en una experiencia compartida que lleva más de cinco décadas respirando junto a su público.

Más allá de la nostalgia

Lo fácil sería encasillarlos en la melosidad de la balada romántica. Lo impreciso sería olvidar que, antes que nada, son una banda de rock con una estructura sólida y una ejecución impecable.

El arranque con “Sweet Dreams” marcó el tono: energía contenida, precisión instrumental y una voz —la de Russell Hitchcock— que sigue conservando potencia, brillo y control. No hubo sensación de fórmula repetida; hubo oficio.

El recorrido incluyó clásicos inevitables como “Even the Nights”, “Just As I Am”, “Here I Am” y “Chances”, construyendo una narrativa emocional que nunca cayó en automatismo. La banda que los acompaña no es mero soporte: aporta textura, dinámica y presencia escénica, elevando cada arreglo sin saturarlo.

El poeta y la ciudad

Uno de los momentos más íntimos llegó cuando Graham leyó un poema compuesto para México. Habló del latido del corazón y del impulso de la sangre recorriendo el cuerpo de la ciudad. En una urbe donde el tráfico suele dictar el ritmo cotidiano, él encontró metáfora y rima. Ese gesto no fue protocolario; fue personal.

Ahí aparece algo que muchas veces se pierde cuando se habla de carreras largas: la sensibilidad. Graham no sólo interpreta canciones; observa, procesa y transforma lo que vive en palabras. Ese puente con el público fue genuino.

La historia que sostiene el presente

También hubo espacio para recordar el origen del dúo: aquel encuentro fortuito a mediados de los setenta, la única silla vacía que terminó uniendo a dos músicos que construirían una de las sociedades creativas más longevas del pop-rock.

La interpretación de “Me and the River” funcionó como espejo de esa historia: una invitación a entender que la amistad —cuando es sólida— puede ser más duradera que cualquier tendencia.

Cuando Russell regresó al centro del escenario para “Two Less Lonely People in the World”, la montaña rusa emocional ya estaba en su punto más alto. El público no sólo cantaba; participaba.

El clímax inevitable

La recta final fue una acumulación estratégica de himnos: “The One That You Love”, “Lost in Love”, y una poderosa “Making Love Out of Nothing at All” antes del encore. La Arena Monterrey respondió con el clásico “¡otra, otra, otra!”, no como gesto automático, sino como petición auténtica.

La presentación de músicos y staff dejó ver algo que no siempre es evidente: Air Supply funciona como una familia itinerante. No hay distancia jerárquica fría; hay equipo.

El cierre con “Without You” y “All Out of Love” terminó por fundir escenario y audiencia en un solo coro. Y cuando las rosas volaron hacia el público, el romanticismo dejó de ser cliché para convertirse en símbolo.

Un sueño que sigue dando aliento

Anoche Monterrey no asistió únicamente a un concierto. Asistió a la confirmación de que algunos sueños no se evaporan con el tiempo. Se transforman en aliento constante. Air Supply no vive del recuerdo: vive de la coherencia entre lo que canta y lo que es. Y mientras esa coherencia exista, su música seguirá siendo, literalmente, suministro de aire para quienes encuentran en sus canciones una pausa en la rutina y una bocanada de emoción verdadera.