Steve Lukather y Santamental: seis días de música, grandes amigos y un disco que encuentra una nueva razón para volver
Steve Lukather recupera *Santamental*, su álbum navideño de 2003, grabado en apenas seis días junto a Eddie Van Halen, Steve Vai, Slash y otros grandes músicos. Una reedición que rescata una...
Con la participación de Eddie Van Halen, Steve Vai, Slash y Edgar Winter, el guitarrista de Toto recupera un álbum navideño grabado en 2003, cuya reedición también tendrá un propósito solidario.
Hay discos que encuentran su lugar en la historia por las canciones que contienen y otros que, con el paso del tiempo, adquieren un valor adicional por las circunstancias en que fueron grabados. Santamental, el álbum navideño que Steve Lukather publicó originalmente en 2003, pertenece en buena medida a esta segunda categoría. Más de dos décadas después, el guitarrista estadounidense anuncia su regreso al catálogo, recuperando una grabación que reunió a varios de sus amigos y colaboradores en una experiencia musical tan breve como singular.
La reedición, anunciada para el 7 de noviembre de 2026, permitirá escuchar nuevamente un trabajo que permaneció fuera de circulación durante varios años. Además de su regreso en CD y plataformas digitales, el álbum estará disponible por primera vez en vinilo, cuya distribución física se realizará posteriormente.
Sin embargo, lo verdaderamente interesante de Santamental no está únicamente en su disponibilidad, sino en la historia que existe detrás de sus grabaciones.
El proyecto reunió a músicos de distintas generaciones y trayectorias, entre ellos Eddie Van Halen, Steve Vai, Slash, Edgar Winter, Mike Landau y Larry Carlton. Una lista que podría sugerir un ejercicio de virtuosismo guitarrístico, aunque el espíritu del álbum parece haber sido otro: compartir canciones, explorar arreglos y disfrutar de la libertad de tocar sin las exigencias habituales de una gran producción.
Lukather recuerda que todo el disco fue grabado en apenas seis días. Las sesiones se realizaron utilizando una grabadora analógica de 24 pistas, sin Pro Tools, sin metrónomo y sin ensayos previos. Una dinámica que apostaba por la interacción directa entre los músicos, sus decisiones espontáneas y la energía de cada interpretación.
La idea original, según el propio guitarrista, surgió de tres figuras fundamentales de la ingeniería y producción musical: Elliot Scheiner, Al Schmitt y Ed Cherney, con Scheiner al frente de las sesiones. Su participación sitúa al proyecto dentro de una tradición de grabaciones en las que el conocimiento técnico estaba al servicio de la interpretación, y no necesariamente de su perfeccionamiento posterior.
El repertorio combina clásicos navideños con composiciones originales, pero son las colaboraciones las que permiten descubrir distintas facetas de Lukather.
En “Joy to the World”, la presencia de Eddie Van Halen ofrece uno de los encuentros más significativos del álbum. Dos guitarristas que desarrollaron lenguajes reconocibles dentro del rock coinciden aquí fuera de los escenarios y proyectos con los que habitualmente se les identifica. Escuchar nuevamente esa colaboración también representa una oportunidad para recuperar una parte menos conocida del legado de Van Halen.
Algo semejante ocurre con “Carol of the Bells”, donde Steve Vai comparte las guitarras con Lukather y Trev Lukather, hijo del músico. Por su parte, Edgar Winter aporta su saxofón a “Greensleeves” y participa vocalmente en “Winter Wonderland”, ampliando las posibilidades sonoras de un repertorio que podría haberse limitado a interpretaciones convencionales.
Entre las composiciones originales destaca “Broken Heart for Christmas”, escrita por Lukather junto a Stan Lynch, antiguo baterista de Tom Petty and the Heartbreakers. La grabación cuenta con la participación de Slash y fue elegida como adelanto de esta reedición. Su inclusión recuerda que, más allá de reinterpretar canciones conocidas, el proyecto también permitió desarrollar material propio.
El álbum contiene además una versión de “Jingle Bells” construida a partir de una grabación previa de Sammy Davis Jr., cuya voz fue incorporada mediante un sample. Por otra parte, “Silent Night” fue dedicada originalmente por Lukather a Jeff Beck, a quien reconocía como amigo y mentor. Son detalles que revelan una dimensión personal detrás de la selección musical: homenajes, admiraciones y relaciones que acompañaron la trayectoria del guitarrista.
Al anunciar esta nueva edición, Lukather recordó con especial afecto aquella semana de trabajo en el estudio y agradeció a los músicos que participaron en el proyecto. También reconoció que durante años sus seguidores le habían solicitado recuperar el álbum. Para él, aquellas sesiones permanecen como un recuerdo de amistad, colaboración y diversión alrededor de la música.
Con el paso de los años, algunos de los protagonistas de aquellas grabaciones han fallecido. Esa circunstancia inevitablemente modifica la manera de acercarse al álbum. Lo que en 2003 fue una reunión entre amigos también puede escucharse hoy como el registro de un momento irrepetible.
Pero el regreso de Santamental incorpora otro elemento importante. Lukather ha anunciado que el cien por ciento de las ganancias correspondientes al artista serán destinadas al Ed Asner Family Center, organización de Los Ángeles que ofrece programas de apoyo, salud mental y desarrollo para personas autistas, personas con otras necesidades de apoyo y sus familias.
La decisión no cambia el contenido musical del disco, pero sí amplía el significado de su reedición. Una grabación nacida de la convivencia entre músicos encuentra ahora una nueva forma de contribuir a su comunidad.
En una industria donde las reediciones suelen apoyarse en la nostalgia, las versiones remasterizadas o el atractivo de los formatos físicos, Santamental ofrece una historia distinta. Su interés no depende exclusivamente de los nombres que aparecen en los créditos, sino de la posibilidad de escuchar cómo interactuaban esos músicos cuando el objetivo principal parecía ser disfrutar del encuentro.
Quizá ahí resida el mayor valor de este regreso. No en demostrar nuevamente la capacidad de Steve Lukather ni la de sus invitados, sino en recuperar seis días de trabajo que quedaron registrados para siempre.
Porque algunas grabaciones sobreviven por su perfección, mientras que otras permanecen por algo mucho más difícil de reproducir: el momento humano y musical que las hizo posibles.
