Por Ricardo Klein para Frontera Rock y Energy 99 / Auditorio Banamex, 19 de diciembre 2025


Hay conciertos que no solo se esperan: se cargan durante años. El regreso de Toto a Monterrey, después de diecisiete años de ausencia, fue uno de esos momentos que se sienten en el pecho antes de que suene la primera nota. Desde su última visita en 2008, la
ciudad había quedado en deuda con una banda que marcó época, y la respuesta fue inmediata: Auditorio Banamex a reventar, generaciones mezcladas y una expectativa que no necesitó presentación.


La noche arrancó con Christopher Cross, y desde el primer acorde quedó claro que esto no sería una apertura cualquiera. Su set fue una invitación a bajar el ritmo, a escuchar con atención y a dejar que las canciones hicieran su trabajo. Sailing, Ride Like the Wind y
Arthur’s Theme sonaron con elegancia y oficio, recordándonos que el buen songwriting no envejece. Cross fue el prólogo perfecto para una velada pensada desde la música y la memoria.

Con Toto en el escenario, el Auditorio explotó. La banda apareció con una alineación robusta, afilada y bien ensamblada, encabezada por Steve Lukather, guitarrista fundador, columna vertebral y alma visible del proyecto. Lukather no necesita demostrar nada: cada solo, cada riff y cada gesto suyo es una lección de historia viva del rock. A su lado, Joseph Williams tomó el micrófono con naturalidad y presencia, encajando sin esfuerzo en un repertorio que exige carácter y respeto por las canciones. El resto de la banda completó un engranaje perfectamente aceitado: Greg Phillinganes en teclados y voz, Shannon Forrest en la batería, John Pierce en el bajo, Warren Ham alternando instrumentos y Dennis Atlas aportando frescura desde los teclados y las voces. Mención aparte para David Paich, miembro fundador y arquitecto del sonido Toto, cuya influencia se sintió durante toda la noche como un hilo invisible que une pasado y presente.


El setlist fue una declaración de principios. No se limitó a encadenar éxitos, aunque estos llegaron puntuales y celebrados: Rosanna, Hold the Line, I’ll Be Over You y una Africa monumental convertida en coro colectivo. Pero también hubo espacio para cortes menos
evidentes, canciones que no siempre suenan en la radio y que funcionaron como guiños cómplices para los fans de hueso colorado. Toto no solo vino a complacer: vino a contar su historia completa.


Lo que más se agradeció fue el nivel musical. Todo sonó sólido, elegante y sin artificios. No hubo nostalgia forzada ni poses de banda de legado. Lo que hubo fue respeto por las canciones, química entre los músicos y la sensación constante de estar frente a artistas que siguen disfrutando lo que hacen.


El cierre fue contundente. El público de pie, cantando, celebrando, entendiendo que no todas las noches se alinean así. El regreso de Toto a Monterrey no fue solo un concierto esperado: fue una reconciliación musical con una ciudad que nunca los olvidó.
Diecisiete años después, Toto volvió a cruzar la frontera… y dejó claro por qué su música sigue teniendo peso, historia y presente.

Por Ricardo Klein para Frontera Rock y Energy 99

El rock en español despide en dias recientes, a una de sus figuras más incendiarias y carismáticas. Jorge Martínez —más conocido como Jorge Ilegal—, vocalista, guitarrista, compositor y líder histórico de Ilegales, falleció a los 70 años en el Hospital Universitario Central de Asturias, en Oviedo, tras luchar contra un cáncer de páncreas que lo había obligado a suspender recientemente la gira del álbum Joven y arrogante.


Su partida marca el fin de una era. Jorge no solo fue el motor creativo de Ilegales, sino una voz rebelde e inconfundible, un artesano de frases punzantes y un defensor absoluto de la libertad artística. Desde los años 80, su figura se convirtió en un símbolo de la contracultura española, llevando el punk-rock y el rock más crudo a un lugar de culto generacional.

Una vida dedicada al vértigo del escenario


Fundados en 1979, Ilegales dejó un rastro imborrable gracias a himnos como “¡Qué hago yo aquí!”, “Bestia, bestia”, “Regreso al sexo químicamente puro” o “Tiempos nuevos, tiempos salvajes”. Con una actitud desafiante y una poética tan afilada como lúcida, Jorge Martínez moldeó un estilo propio que influyó a incontables bandas dentro y fuera de España.

Su personalidad era tan intensa como su música: irreverente, inteligente, ferozmente honesta y siempre dispuesto a incendiar cualquier escenario con una sola frase o un riff preciso.

Reacciones y legado


La noticia ha sacudido al mundo del rock iberoamericano, que hoy lamenta la pérdida de un artista único. Músicos, periodistas y fans lo despiden reconociendo lo que siempre fue: una figura irrepetible, un espíritu indomable y un creador que jamás negoció con la
mediocridad.


Jorge Ilegal deja un legado monumental: más de cuatro décadas de discos, giras, poesía salvaje y verdades lanzadas a quemarropa. Deja también una banda que marcó a miles y una manera de entender el rock sin filtros ni concesiones. Su voz se apaga, pero su obra queda para siempre: provocadora, libre y furiosa, como él mismo.


Desde Frontera Rock enviamos nuestro respeto

Por Ricardo Klein Para Frontera Rock y Energy 99

El rock mexicano amaneció golpeado. Este pasado 7 de diciembre 2025 , la escena perdió a Tony Méndez, guitarrista fundador de Kerigma y figura fundamental en la construcción del movimiento que hoy llamamos rock nacional. Su partida no solo duele: obliga a mirar hacia atrás y reconocer a quienes, con guitarra en mano y convicción en el alma, levantaron una escena desde cero, cuando nadie apostaba por ella.

Tony no solo tocaba en Kerigma —la banda que ayudó a fundar y que formó parte del mítico movimiento de “rock en tu idioma”—; también fue uno de los impulsores más activos de espacios que dieron vida a generaciones enteras de músicos mexicanos. Desde La Rockola hasta Rockotitlán, Tony entendió que el rock necesitaba más que canciones: necesitaba trincheras, refugios, lugares donde las bandas pudieran sonar sin pedir permiso. Y él se encargó de abrir esas puertas

Con Kerigma, Tony dejó una huella profunda en los años 80 y 90, cuando México empezaba a construir su identidad sonora. Discos como Esquizofrenia y canciones que hoy son culto —“Tres lunares”, “Adivíname tú”, “Euforia”— mostraron un sonido distinto: más introspectivo, más arriesgado, más libre. Kerigma no buscó encajar; buscó expandir. Y en esa búsqueda, Tony fue la brújula silenciosa que apuntaba hacia adelante.

Pero su legado no se limita a un escenario o a un estudio. Tony fue un arquitecto de comunidad. En Rockotitlán, bajo su gestión, tocaron bandas que después marcarían generaciones. Ese lugar se convirtió en un laboratorio creativo, una trinchera que le dio hogar al rock mexicano cuando todavía caminaba entre sombras y prejuicios. Muchos músicos recuerdan ese espacio como el primer sitio donde se sintieron escuchados de verdad.

La noticia de su fallecimiento provocó una ola de mensajes, recuerdos, fotos, anécdotas. Y es claro: Tony no solo impactó por su labor musical, sino por su cercanía, su forma de cobijar proyectos y su empeño en fortalecer la escena incluso cuando él mismo enfrentaba momentos complicados. Hasta el final, su familia y la comunidad rockera lucharon a su lado.

Hoy, desde Frontera Rock, celebramos su vida y su obra. Reconocemos al músico, al creador, al impulsor, al amigo. A ese tipo de figuras que no aparecen todos los días y cuya ausencia deja un hueco real en el ecosistema musical del país.

Tony Méndez fue más que Kerigma. Fue más que Rockotitlán. Fue una parte esencial del ADN del rock mexicano. Y su legado seguirá sonando —en los discos, en los escenarios que ayudó a levantar y en cada banda que alguna vez encontró inspiración en su camino.

Descansa en paz, Tony.

Gracias por encender la chispa. Gracias por dejarnos el ruido. En este lado de la frontera, tu música seguirá viva.