La próxima edición del Tecate Pa’l Norte 2026 volverá a convertir a Monterrey en uno de los principales puntos de encuentro musical del continente, y entre los nombres que destacan en su cartel aparece Cypress Hill, una de las bandas más influyentes en la historia del hip-hop a nivel mundial. Su presentación en el Parque Fundidora no solo suma peso artístico al festival, sino que abre un diálogo directo entre generaciones, géneros y culturas que han marcado la música alternativa de las últimas décadas.


Cypress Hill no es una banda que se limite a la nostalgia. Su presencia en Pa’l Norte responde a una trayectoria que sigue vigente, respaldada por un legado que transformó la manera en que el rap podía dialogar con el rock, el metal y la cultura popular sin pedir permiso.

Una presentación esperada en el norte del país


La actuación de Cypress Hill está contemplada dentro de la próxima edición del Tecate Pa’l Norte, uno de los festivales más importantes de México y América Latina. El evento se celebrará nuevamente en el Parque Fundidora de Monterrey, Nuevo León, sede que se ha convertido en un símbolo del crecimiento del festival y de su capacidad para albergar proyectos de gran escala.


Aunque el Pa’l Norte es conocido por su diversidad de géneros, la inclusión de Cypress Hill refuerza el espacio que el hip-hop y la música urbana han ganado dentro del festival, colocándolos al mismo nivel que el rock, el pop y las propuestas alternativas que históricamente han definido su identidad.

Cypress Hill: más que rap, una declaración cultural


Formada a inicios de los años noventa en Los Ángeles, Cypress Hill irrumpió en la escena musical con un sonido que rompía moldes. B-Real, Sen Dog y DJ Muggs construyeron una propuesta que mezclaba rap con bases oscuras, influencias latinas y una narrativa callejera que se alejaba del discurso convencional de la época.


Álbumes como Cypress Hill (1991), Black Sunday (1993) y Temples of Boom (1995) no solo consolidaron su éxito comercial, sino que redefinieron el alcance del hip-hop en la cultura global. La banda fue pionera en llevar el rap a públicos que tradicionalmente consumían rock y metal, abriendo camino para colaboraciones y fusiones que hoy parecen naturales, pero que en su momento fueron disruptivas.
Además de su impacto musical, Cypress Hill se convirtió en un referente cultural por su postura contestataria, su identidad latina y su influencia en la estética y el discurso de toda una generación. Su música ha sido banda sonora de películas, videojuegos y movimientos culturales que trascienden el escenario.


Pa’l Norte: de festival regional a plataforma internacional


Desde su nacimiento en Monterrey, el Tecate Pa’l Norte ha experimentado una evolución constante. Lo que comenzó como un festival con enfoque principalmente regional se transformó en un evento de alcance internacional, capaz de reunir en un mismo cartel a figuras históricas, artistas contemporáneos y propuestas emergentes.


La clave de su crecimiento ha sido la diversidad musical y la apuesta por experiencias que van más allá de los conciertos. El festival ha sabido adaptarse a los cambios del público, integrando géneros como el hip-hop, la electrónica y la música urbana sin perder su conexión con el rock, que sigue siendo uno de sus pilares. En este contexto, la presencia de Cypress Hill no se percibe como un acto aislado, sino como parte de una curaduría que entiende la música como un fenómeno cultural amplio, donde conviven distintas escenas y generaciones.

Un cruce de generaciones y sonidos


La llegada de Cypress Hill al Pa’l Norte representa un punto de encuentro entre quienes crecieron con su música en los noventa y nuevas audiencias que han descubierto su influencia a través de colaboraciones, samples y referencias en la cultura actual. Es un recordatorio de que el hip-hop, cuando se construye con identidad y propuesta, no tiene fecha de caducidad. Para Monterrey, una ciudad con una historia musical marcada por el rock y la contracultura, esta presentación refuerza el carácter diverso del festival y su
capacidad para seguir dialogando con públicos distintos sin perder coherencia.

Más que un concierto


La participación de Cypress Hill en la próxima edición del Tecate Pa’l Norte no es solo una fecha más en el calendario de conciertos. Es la confirmación de que el festival sigue apostando por proyectos que dejaron huella y que aún tienen algo que decir en el presente.
Entre beats densos, líricas que marcaron época y una audiencia que entiende el peso histórico del momento, Cypress Hill llegará a Monterrey para recordar por qué su nombre sigue siendo sinónimo de rebeldía, identidad y música sin concesiones.

Por Ricardo Klein para Frontera Rock y Energy 99 / Auditorio Banamex, 19 de diciembre 2025


Hay conciertos que no solo se esperan: se cargan durante años. El regreso de Toto a Monterrey, después de diecisiete años de ausencia, fue uno de esos momentos que se sienten en el pecho antes de que suene la primera nota. Desde su última visita en 2008, la
ciudad había quedado en deuda con una banda que marcó época, y la respuesta fue inmediata: Auditorio Banamex a reventar, generaciones mezcladas y una expectativa que no necesitó presentación.


La noche arrancó con Christopher Cross, y desde el primer acorde quedó claro que esto no sería una apertura cualquiera. Su set fue una invitación a bajar el ritmo, a escuchar con atención y a dejar que las canciones hicieran su trabajo. Sailing, Ride Like the Wind y
Arthur’s Theme sonaron con elegancia y oficio, recordándonos que el buen songwriting no envejece. Cross fue el prólogo perfecto para una velada pensada desde la música y la memoria.

Con Toto en el escenario, el Auditorio explotó. La banda apareció con una alineación robusta, afilada y bien ensamblada, encabezada por Steve Lukather, guitarrista fundador, columna vertebral y alma visible del proyecto. Lukather no necesita demostrar nada: cada solo, cada riff y cada gesto suyo es una lección de historia viva del rock. A su lado, Joseph Williams tomó el micrófono con naturalidad y presencia, encajando sin esfuerzo en un repertorio que exige carácter y respeto por las canciones. El resto de la banda completó un engranaje perfectamente aceitado: Greg Phillinganes en teclados y voz, Shannon Forrest en la batería, John Pierce en el bajo, Warren Ham alternando instrumentos y Dennis Atlas aportando frescura desde los teclados y las voces. Mención aparte para David Paich, miembro fundador y arquitecto del sonido Toto, cuya influencia se sintió durante toda la noche como un hilo invisible que une pasado y presente.


El setlist fue una declaración de principios. No se limitó a encadenar éxitos, aunque estos llegaron puntuales y celebrados: Rosanna, Hold the Line, I’ll Be Over You y una Africa monumental convertida en coro colectivo. Pero también hubo espacio para cortes menos
evidentes, canciones que no siempre suenan en la radio y que funcionaron como guiños cómplices para los fans de hueso colorado. Toto no solo vino a complacer: vino a contar su historia completa.


Lo que más se agradeció fue el nivel musical. Todo sonó sólido, elegante y sin artificios. No hubo nostalgia forzada ni poses de banda de legado. Lo que hubo fue respeto por las canciones, química entre los músicos y la sensación constante de estar frente a artistas que siguen disfrutando lo que hacen.


El cierre fue contundente. El público de pie, cantando, celebrando, entendiendo que no todas las noches se alinean así. El regreso de Toto a Monterrey no fue solo un concierto esperado: fue una reconciliación musical con una ciudad que nunca los olvidó.
Diecisiete años después, Toto volvió a cruzar la frontera… y dejó claro por qué su música sigue teniendo peso, historia y presente.

Por Ricardo Klein para Frontera Rock y Energy 99

El rock en español despide en dias recientes, a una de sus figuras más incendiarias y carismáticas. Jorge Martínez —más conocido como Jorge Ilegal—, vocalista, guitarrista, compositor y líder histórico de Ilegales, falleció a los 70 años en el Hospital Universitario Central de Asturias, en Oviedo, tras luchar contra un cáncer de páncreas que lo había obligado a suspender recientemente la gira del álbum Joven y arrogante.


Su partida marca el fin de una era. Jorge no solo fue el motor creativo de Ilegales, sino una voz rebelde e inconfundible, un artesano de frases punzantes y un defensor absoluto de la libertad artística. Desde los años 80, su figura se convirtió en un símbolo de la contracultura española, llevando el punk-rock y el rock más crudo a un lugar de culto generacional.

Una vida dedicada al vértigo del escenario


Fundados en 1979, Ilegales dejó un rastro imborrable gracias a himnos como “¡Qué hago yo aquí!”, “Bestia, bestia”, “Regreso al sexo químicamente puro” o “Tiempos nuevos, tiempos salvajes”. Con una actitud desafiante y una poética tan afilada como lúcida, Jorge Martínez moldeó un estilo propio que influyó a incontables bandas dentro y fuera de España.

Su personalidad era tan intensa como su música: irreverente, inteligente, ferozmente honesta y siempre dispuesto a incendiar cualquier escenario con una sola frase o un riff preciso.

Reacciones y legado


La noticia ha sacudido al mundo del rock iberoamericano, que hoy lamenta la pérdida de un artista único. Músicos, periodistas y fans lo despiden reconociendo lo que siempre fue: una figura irrepetible, un espíritu indomable y un creador que jamás negoció con la
mediocridad.


Jorge Ilegal deja un legado monumental: más de cuatro décadas de discos, giras, poesía salvaje y verdades lanzadas a quemarropa. Deja también una banda que marcó a miles y una manera de entender el rock sin filtros ni concesiones. Su voz se apaga, pero su obra queda para siempre: provocadora, libre y furiosa, como él mismo.


Desde Frontera Rock enviamos nuestro respeto